El título de esta razón, no es del Inquilino Comunista, abajo firmante, si no de un genio del jazz, de Duke Ellington. Si aquí lo traemos a colación, es porque las Tesis del Congreso de un Partido, supuestamente revolucionario, han de ser duras, rigurosas, pero también alegres. Y cuando uno acaba de leer el documento que las contiene, más bien tiene ganas de ponerse a llorar que no de salir, como diría el poeta: "a la calle que ya es hora".
Caído el Muro de Berlín, empezó la época del rojo-pesimismo, variante política de lo que Freud estudiaba en su celebre trabajo "El problema económico del masoquismo". Y, desde entonces, muchos rojos, exrojos, amigos y compañeros de viaje, para volver a las esencias, practican el síndrome de Nicodemo, a saber: Niegan el marxismo y el comunismo durante el día, en público, pero visitan por la noche libros y recuerdos polvorientos, guardados en el fondo de sus bibliotecas y sus corazones, y comprueban azorados que estas ideas tienen más vigencia que nunca. ¿Qué ocurre entonces? Que se dedican sólo a examinar lo que ha ido mal, a flagelarse como el José Ma. y no actuar políticamente.
Y como que se encierran sólo a examinar lo que ha ido mal, se incapacitan para tender un puente entre la experiencia de la Revolución de Octubre, que fue la primera, y las experiencias revolucionarias que florecen como setas, en las mil y una colonias del Imperio Trilateral. Se han autoderrotado.
En 1988, cuando los berlineses del Este, fascinados por Occidente saltaban alocados el Muro, y los guardias fronterizos les regalaban cervezas, unos homo sapiens biodiversos, tuvieron las narices de pintar a los pies de la estatua de Marx i Engels, sita en el Berlín Oriental: "La próxima vez todo irá mejor". Los rojopesimistas, obviamente, fueron incapaces de hacer un acto político tan trascendental. En cambio, los homo sapiens biodiversos, con este acto mínimo tendían un arcoiris entre la Revolución de Octubre y las revoluciones por venir.
Pero sigamos con el jazz: Una de las variantes del jazz es el estilo New Orleans. Cuando se entierra a alguien, la banda de jazz del barrio, va tocando música fúnebre, lenta, parsimoniosa, hasta que se acaba la inhumación. Pero cuando salen del cementerio, el ritmo se va haciendo progresivamente alegre y culmina en una fiesta desbordada. La gente come, bebe, ríe y baila, y más de una pareja, después, deben acabar fornicando.
Mantener estas Tesis es, para seguir con el ejemplo, como seguir llevando el muerto sobre las espaldas, esperar que se pudra, que se mineralice, esperar que sea fósil, para luego volver a abrir el ataúd, y medir la proporción de sus miembros para ver si podía correr o no.
Estas Tesis son funerarias, y jamás un proceso político emancipatorio ha sido funerario, ha costado vidas, sacrificios y sufrimientos de generaciones, pero si alguna cosa ha sido en su proyección estratégica es un acto continuado de optimismo, de alegría. Es por que el IC decidió contestarlas de forma absoluta, en una palabra, negarlas de principio a fin.
Quedan, realmente, muchas cosas por decir, demasiadas, pero ésta era la masa crítica mínima de ideas necesarias para influir positivamente, dando un golpecito a la banda que toca, diciéndole: "eh, que ya hemos enterrado al muerto, ya toca ir cambiando el ritmo". Y cambiar el ritmo, quiere decir que se apuesta, no por flagelarse hacia adentro, sino por luchar hacia afuera, contra la Trilateral, con todas sus consecuencias. Además, nadie y mucho menos quienes nos llamamos comunistas hemos de olvidar lo que decían Marx i Engels, al final del Manifiesto Comunista, un párrafo ante el cual Carrillo y su continuación natural, il Camerattta Ribottti, siempre han sacado cruces, ristras de ajos y agua bendita:
"Los comunistas tienen por indigno ocultar sus opiniones e intenciones. Proclaman públicamente que sus objetivos solo podrán ser conseguidos mediante la subversión total del orden social existente en la actualidad."
Vistas las cosas, se impone un cambio de 180 grados en el rumbo que seguimos. Veremos si somos capaces.
El abajo firmante sabe positivamente que escribiendo este panfleto, contribuye a decir las cosas por su nombre, que falta hace y puede acabar diciendo con Marx: "Dije y así salvé mi alma".
Oriol Martí (a) El Inquilino Comunista (IC)
Barcelona 10-4-97